Solteldo se una a Rafael Dudamel y Alejandro Guerra como los venezolanos en jugar la final de Copa Libertadores

Son decisiones. Cómo armar un plantel. Cómo armar un equipo. La elección de los jugadores. Quién es tu cuatro. Quiénes conforman tu doble 5. Quién es tu nueve. La idea. El planteo. Los intérpretes. A quiénes dejás en el banco de suplentes. La respuesta a la adversidad. Los cambios. A Boca no le dio para más. No le dio el cuero. Sobrevivió mientras pudo. A la revancha contra Internacional. A las dudas que se generaron en la ida frente a Racing. Pero hasta acá llegó. No estuvo a la altura de las semifinales, fue goleado por Santos en Brasil y otra vez el sueño de la séptima Copa Libertadores quedó trunco.

La reacción se dio a medias. Más por el repliegue rival que por capacidad propia. Jara se empezó a soltar, Salvio se movió de la línea hacia el centro y tuvo más libertad para conectar con Tevez y Villa apareció por la izquierda. Pero sin generar mucho frente al arco de Joao Paulo. Apenas dos apariciones de Tevez, una que no llegó a puntear y otra que terminó en un remate desviado de Villa.

De hecho, además del gol, la más clara del primer tiempo fue un tiro libre de Marinho que obligó a un atajadón de Andrada.

Los dos minutos fatales de Boca
Russo cambió sin modificar demasiado el plan para el segundo tiempo. Pieza por pieza. Intensidad por equilibrio. Sólo eso. Buffarini por Jara y Capaldo por González. Pero demasiado pronto Salvio volvió a perder una pelota con el equipo saliendo y Soteldo metió el segundo. Enseguida Marinho desbordó otra vez a Fabra y Lucas Braga clavó el tercero. Y después se hizo expulsar Fabra. Todo en diez minutos. Demasiado. Fue la condena. Pocos se salvaron y estuvieron a la altura. Muy pocos. Izquierdoz y Tevez. No es suficiente, no alcanza para una competencia así. Tal vez sí alcance para la final de la copa local…


A Fabra le sacaron la roja
Jugadores sin la jerarquía que requiere históricamente Boca. Jugadores sin la actitud para jugar una semifinal de la Libertadores. Un equipo sin funcionamiento colectivo. Un equipo que no pudo aprovechar su mayor virtud que es el contragolpe. Un técnico que no la pegó con los cambios y eligió dejar a Cardona en el banco. Un plantel que parece ser el más flojo de los últimos años, con bajas y sin refuerzos de nivel. Así se dio una eliminación que puede ser la más merecida de todas. Son decisiones.

Cortesía Olé

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