El Atlético de Madrid está de vuelta, si es que alguna vez se fue. Las rojiblancas inscribieron por primera vez su nombre en el palmarés de la Supercopa de España tras vencer al Levante y sumar el quinto título en sus vitrinas (todo empezó con la Copa de 2016 y las tres Ligas seguidas entre 2017 y 2019).

Decía Luis Aragonés que las finales no se juegan sino que se ganan. Y éste era un debe de las féminas de su Atleti que sólo había ganado una de las cuatro finales disputadas hasta el momento. José Luis Sanchez Vera, otro sabio de esto -perdón por la comparación- ha sabido devolver a este equipo el ADN rojiblanco que parecía haber perdido en su ausencia. Si al Barcelona le ganó la partida de ajedrez jugando desde el autobús, al Levante lo pasó por encima como el tren bala.

Primera parte para enmarcar

Apostó por la velocidad para ganar la final. Intensidad, calidad y ejecución llevada a la máxima expresión. Sorprendió con la alineación de Ajara, trotamundos camerunesa que llegó en el mercado invernal con poco cartel pero que apenas le hicieron falta 45 minutos para dejar huella con una asistencia y dos goles.

Fue Deyna quien abrió la lata a los 18 minutos con un disparo cruzado y raso aprovechando una asistencia de Ajara. Paraluta pudo hacer más, pues el balón pasó entre sus brazos. El guión se volvió a repetir en otras dos ocasiones, esta vez con Ludmila como asistente y Ajara como rematadora. El Levante tardo en reaccionar. Lo hizo en los últimos minutos de la primera parte con disparos desde la frontal de Zornoza y Andonova, pero se toparon con una Lindahl excepcional.

Aleixandri MVP y homenaje a Torrecilla

La segunda parte tuvo tinte granota. Por empuje y por intención más que por acierto, sin duda. Le robó la posesión al Atlético e intentó crear en campo contrario, pero se encontraron con una Aleixandri incombustible que lo tapó todo. Y lo que dejó, poco, lo atajó una confiante Lindahl. La electricidad de Eva Navarro y la magia de Banini quedaron en un segundo plano.

El Atlético tuvo opción para lograr el cuarto gol con el que poner la guinda al pastel, pero quizá hubiera sido demasiado castigo a su rival. Vera pudo mover el banquillo para oxigenar a sus estrellas e incluso hacer debutar a otro refuerzo invernal, una joven Ajibade que mostró músculo en ataque.

Lágrimas de emoción en las jugadoras rojiblancas al escuchar el pitido final y sonrisas de oreja a oreja a la hora de levantar la Copa al cielo almeriense. Homenaje de la plantilla al completo para Torrecilla, quien ejemplifica lo que es batallar y sufrir para ganar títulos cada día. El Atlético vuelve a sentirse ganador, dominador, y lo hace por méritos propios. No le entierren que está de vuelta.

Cortesía Marca

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